El aumento de los precios de alimentos básicos como el arroz, el maíz y el trigo es, sin duda, una seria amenaza para la subsistencia de millones de personas en América Latina, África y Asia. Según Naciones Unidas, seis factores podrían explicar el alza: malas cosechas, bajas reservas de cereales, aumento del precio del petróleo, crecimiento de la demanda de biocombustibles, disminución de las ayudas a la agricultura y especulación financiera. Dichas variables, sin embargo, ocultan la verdadera naturaleza de la crisis, haciéndola aparecer como un fenómeno coyuntural que obedecería igualmente a causas coyunturales. El momento actual puede considerarse, en realidad, un punto de inflexión histórico que muestra el alcance de las consecuencias de la destrucción de formas de vida y modos de subsistencia; es decir, de las culturas que mantienen y protegen la biodiversidad, los cultivos, las semillas, la autonomía alimentaria y los mecanismos de distribución alternativos al mercado. Este punto de inflexión advierte, no obstante, acerca del riesgo de mil millones de personas en el mundo que padecen hambre; de ellos, 100 millones de mujeres, hombres y niños pueden morir por efalta de alimentos.

Ya está bien de “CAMPO vs GOBIERNO” y de “GOBIERNO vs CAMPO”! Porque ya son demasiados días escuchando la misma historia, y porque eso está ocultando otras historias reales mucho más lamentables y más trascendentes en la vida de la mayoría de los ciudadanos. Porque a lo peor, “el árbol nos está impidiendo ver el bosque”
Queremos dejar claro que “el bosque” es mucho más que “el árbol”. Que el problema del CAMPO tal como se ha instalado en los medios y en el Gobierno es importante que se estudie y se le de solución, pero hemos de percibir que no es un problema (el de la soja y las mayores o menores retenciones) que atañe directamente a la mayoría de la ciudadanía, que hay otros problemas más agudos y que agobian a más gente que el problema así llamado del CAMPO. El interior, al menos en nuestra zona, y en otras muchas “periferias”, sigue estando relegado en muchos sentidos. Y es que, hermanos, hay gente que se está muriendo por falta de medicamentos, de insumos, de médicos y de atención en nuestros hospitales y puestos de salud, carentes en muchas ocasiones de lo más imprescindible. Una situación que no es solamente característica de nuestras zonas de trabajo jujeña y salteña, sino de otras muchas zonas del interior del país. Hay un desamparo sanitario evidente en la zona y en gran parte del interior.
Los que trabajan con la niñez advierten que la desnutrición, que parecía controlada, va en aumento. Que los comedores escolares y demás comedores infantiles o juveniles que hay en la zona, pretenden solucionar (¿tal vez ocultar?) una dura realidad de hambre y pobreza, pero es evidente que no lo consiguen, porque siguen con los magros presupuestos de años anteriores: es imposible que los niños y adolescentes puedan alimentarse hoy con 60 centavos por día. Hay directores que hacen maravillas con esos 60 centavos, pero lo que no pueden hacer es milagros.
El Hambre:
Donde se producía alimentos, para el autoconsumo y el mercadeo, ahora producimos para exportar, con el consiguiente beneficio de unos pocos y el hambre de muy muchos.
En ambos casos del proyecto soja o pinos las familias de campesinos, los pequeños y medianos productores y los obreros rurales tienen que migrar hacia los cinturones de pobreza de las grandes ciudades. Y esto quiere decir violencia, que genera más violencia aún producida por aquellos mismos que se quejan "de la violencia de los pobres" y piden "mano dura"para ellos.
Todo transformado en monocultivo de soja y pinos con la desaparición de la Biodiversidad y con la desaparición de todos los componentes que la forman, incluido el ser humano.
La soja, el pino y el eucalipto no son naturales para nuestro país. Son de origen extranjero (exóticas). Para peor, el 90% de la soja es transgénica y los pinos parecen todos clonados.
En todos los casos se habla de "récord de cosechas", al mismo tiempo del récord de la población empobrecida. Las cifras oficiales hablan de un promedio del 50% de la población argentina, por debajo de la línea de pobreza. 20 millones de pobres, en un total de 38 millones de habitantes.


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